Existen innumerables ejemplos de personas que pierden el piso al obtener una posición más “valiosa” que donde comenzaron. Empanzar en el sótano y trabajar hasta llegar a la azotea, más que subirnos el ego, debería subirnos la humildad. Nadie llega a donde va, solo. Siempre en el camino hay personas que ayudan aportando valor a su viaje. Es importante recordar a la amiga que te ayudo a terminar el reporte que había que entregar, es importante agradecer al amigo que llego tarde a su propio trabajo por llevarte al tuyo para que no perdieras esa junta. Es importante tener en cuenta que tus logros, contienen miles de historias de otras personas engarzadas en ellas y son esas historias las que hicieron a los peldaños de tu escalera, lo suficientemente fuerte para subirte a donde estas ahora.
Todo el tiempo tratamos de obtener todo el crédito, como cuando cocinas una deliciosa cena para tu familia y olvidas agradecer a tu mama por enseñarte la receta. Es un ejemplo pequeño pero me costó varios pellizcos en el brazo aprender la lección, ¡Gracias Mamá! Lo que trato de decir, es que cualquier cosa que haces, tiene la enseñanza de otros incrustada en ello, todo lo aprendemos de alguien y es necesario agradecer. No solo ayuda a tu cuerpo a no ser abofeteado, sino a tu alma al saber que hiciste lo correcto. Ahora, no digo que tooooodo, toooodo sea creación de alguien más y que seas una usurpadora, para nada. Pero si dije ‘Todo’ ¿Verdad? Bueno, lo que trato de decir, es que todo es consecuencia de enseñanzas que acumulamos, tal vez la receta la inventaste tú, pero las técnicas, los sabores, los secretos de cómo usar los ingredientes, eso lo aprendiste de alguien más, y eso merece apreciación. Bueno, estoy poniendo la cocina como ejemplo porque es algo universal, pero el agradecimiento es algo que se debe aplicar en todo. Parte de ser humilde es reconocer que no todo lo haces tú solo y que hay personas que te ayudan con parte de lo que sabes y lo que haces.
Hay mucha gente que confunde la humildad con la pobreza, porque erróneamente se han ligado la una con la otra, pero en realidad una no es exclusiva de la otra. Existen personas que son muy pobres, pero no son humildes, existen personas humildes pero no son pobres. Por ejemplo, una persona pobre que recibe ayuda y no la agradece porque piensa que por ser pobre merece ser ayudada, porque es culpa de alguien más estar en esa situación. Una persona rica que trabajo y obtuvo mucho y al llegar a donde está en su vida, crea organizaciones que ayudan a niños, a personas mayores y a personas de bajos recursos (como este ingrato, malagradecido que les comente anteriormente, ¡pos este!). El punto es, ¿Cuál de estas dos personas quieres ser? Obviamente, muchos aceptaríamos felizmente ser la persona rica, pero, si fueras pobre, ¿serias humilde? Creo que todo está en el tipo de persona que quieras ser.
Bien, estos son solo ejemplos, pero, ¿Qué tan alejados de la realidad están? ¿Cuantas veces no hemos visto a jóvenes estudiantes llevándose (o queriéndose llevar) el crédito por un trabajo en la escuela? Yo sé que yo lo hice, y te cuento que no me sentí muy bien después de eso. Cuando mis amigas me hicieron ver que no estaba en lo correcto me sentí miserable, porque no está en mis genes ser desleal y orgullosa. Sin embargo, jamás me disculpe y afortunadamente no tuve que hacerlo, tengo excelentes amigos.
A veces, la manera más rápida de llegar a la cima es parándote en los hombros de otros, pero recuerda que si no les agradeces, esas personas que te sirven de soporte pensaran que los utilizas de escalón y te dejaran caer. El dicho lo dice ‘honor a quien honor merece’, apréndelo, practícalo, aplícalo, te hará la vida mucho más valiosa.
Se paciente, se generosa, se humilde y cuando puedas Be Positive, Girl!

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